De los tres focos de rumores, el más peligroso es el más próximo: el de las personas que trabajan en la escuela. Tras estos, abordaremos los rumores entre padres y madres. De la mayor parte de los rumores de los alumnos quizás ni debamos interesarnos. No tienen suficiente entidad y no les dan credibilidad ni los mismos padres. Quien está demasiado pendiente de lo que dicen los alumnos sobre él recibirá el castigo de saberlo.

Así pues, controlar los rumores que surgen entre el profesorado debe ser una prioridad del equipo directivo.

Hay que tener presente que la manera de evitar los rumores no es un remedio milagrero, es una actitud: hacer las cosas bien y comunicarlas bien. Cuando se actúa con integridad, lealtad y franqueza, las cosas son mucho más fáciles. Nunca podremos controlar totalmente los rumores. Sería una pretensión inútil. Basta con que tengamos la sensibilidad de escuchar qué se dice y lo reconduzcamos cuando sea necesario.

Intentemos concretar algunas de las actuaciones que se esperan de un directivo escolar1 que evita la rumorología:

  • Asegurarse de que la escuela cuenta con canales eficientes de información para que todos puedan enterarse de cualquier noticia que aparezca. Hoy esto es teóricamente fácil: correos electrónicos, sites internos, tablones de anuncios, mensajería de móviles, etc. Pero la proliferación de medios en sí misma no garantiza su buen uso.
  • Facilitar la existencia de grupos naturales y saludables de comunicación, de trabajo y de reunión: reuniones de equipos, reuniones informativas con padres y madres, zonas de café…
  • Compartir tanta información como sea posible: todo, excepto lo que es confidencial. Si existiera la percepción de que tener la información es tener el poder, la gente buscaría la información por canales no fiables, porque se perdería la confianza en los oficiales.
  • Comunicar con prontitud las decisiones y las noticias, especialmente las negativas y las que afectan al personal: cambios en los cargos, despidos y bajas, problemas de relación personal, situaciones académicas conflictivas, etc.
  • Dar personalmente las malas noticias, sin miedo a encararlas. No esconderse detrás de un comunicado. No tener tampoco verdades a medida para personas diferentes. A todo el mundo se le dice lo mismo.
  • Conocer bien a todos los profesores, apreciarles. Así se comprenden el carácter, las necesidades, las carencias, las relaciones que se establecen dentro de cada grupo. Hay que hablar a menudo con ellos. Hay personas con angustia, curiosidad, credulidad…, que son víctimas fáciles de la rumorología.
  • Al producirse un rumor, actuar con inmediatez y valentía, pero sin intentar negar la parte que tenga de verdad. Tal vez sea necesario también rectificar decisiones que no tenían en cuenta algunos datos.
  • Cuando se detecta un foco habitual de rumores, informar con claridad a aquellos que voluntaria o involuntariamente son a menudo la causa de la crítica de que es algo negativo, que no aporta nada bueno. Proponerles un cambio de conducta, mostrando de forma positiva que se confía en ellos.
  • Concienciar al resto de la gente de que podrían ser transmisores de informaciones muy dañinas, para que eviten preguntar qué se dice y quién lo dice, y para que se impliquen positivamente en un cambio cultural.
  • No criticar nunca a los ausentes. Esto restaría todo el crédito para poder corregir a los demás.
  • Hacerse más accesible. Facilitar al profesorado que pregunte lo que no entienda de las decisiones que se han tomado, sin temor a ser mal vistos, o que manifiesten lo que no comparten. Hacerles comprender que no se espera de ellos que coincidan al 100% con las decisiones directivas, sino que ayuden lealmente a llevarlas a cabo.
  • Tener en cuenta también qué esperan los profesores de la dirección. Esforzarse por ser empáticos. Muchos de los problemas de ambiente en un centro escolar provienen de dificultades de comunicación con la dirección. El profesorado debe tener la confianza para poder discrepar lealmente, es decir, en privado y con corrección.
  • No olvidarse de dar buenas noticias. Si tendemos a dirigir corrigiendo, debemos esforzarnos en dar relieve a las cosas positivas, que son muchas.

 

CÓDIGO DE CONDUCTA ENTRE COMPAÑEROS

Hemos apuntado en primer lugar las actuaciones que corresponden a los directivos, porque realmente tienen una gran responsabilidad a la hora de liderar el grupo y las informaciones que circulen, pero no entiendo la solución en un sentido exclusivamente jerárquico. Aunque es natural que haya una jerarquía, las jerarquías deben ser tan planas como sea posible. Pienso que es más adecuado entender que en una escuela todos somos directivos: de un departamento, de un curso o, por lo menos de nuestra asignatura, de nuestra aula, y en la medida en que todos se sienten directivos, participan y se implican en la escuela. Dirigir bien es servir.

Por eso me gusta contar cómo, no hace muchos años, un centro escolar, consciente de los problemas de rumorología y críticas entre compañeros y compañeras, nombró un grupo de trabajo con representación de todos los estamentos y departamentos. Tras unas reuniones fructíferas vieron claro que un clima de convivencia franca favorecía a todos y redactaron unos principios básicos de comportamiento. Los transcribo al completo porque me parece que pueden ser útiles:

  • “Me gustaría que, cuando llego al trabajo, los compañeros me saludaran amablemente; por tanto, yo saludaré a todos los compañeros que encuentre, sean amigos míos, mucho o poco.
  • “Me gustaría que los demás se interesaran por mis necesidades, mi salud, etc.; entonces, yo preguntaré con interés por la salud del que ha estado enfermo, por el estado del marido de la otra, etc.
  • “Me gustaría participar de los éxitos de los demás y también que se alegraran con los míos y los hicieran propios; yo felicitaré siempre que pueda a quien haya hecho algo digno de ser felicitado y también les haré partícipes de mis alegrías.
  • “Me gustaría que no me criticaran cuando no estoy delante y que, si alguna vez alguien lo hiciera, otros cortaran inmediatamente esta crítica; por tanto, evitaré radicalmente la crítica de un compañero o una compañera y no permitiré que se critique a nadie en mi presencia.
  • “Me gustaría que, si alguna vez hago algo mal o me pasa algo que no quisiera que se supiera, las personas que llegaran a saberlo mantuvieran una discreción leal; evitaré, por tanto, difundir noticias o rumores. que afecten negativamente a los demás.
  • “Me gustaría que me dijeran en privado, para que pueda corregirlas, las cosas que hago mal; procuraré comentar privadamente a los demás las cosas que pienso que les ayudarán a mejorar –aunque yo no me considere ejemplar, ni tenga ganas de decírselo–.
  • “Me gustaría que, cuando alguien no entendiera algo que hago, viniera personalmente a preguntármelo; haré eso mismo y no lo preguntaré a quien no es la persona afectada.
  • “Me gustaría tener a mi alrededor un clima optimista de colaboración, donde sea fácil trabajar en equipo; procuraré, pues, ayudar a los demás, valorar la participación de todos en los equipos de trabajo, sonreír y ser positivo en mis comentarios.
  • “Me gustaría que se respetaran mi autonomía e iniciativa; procuraré no imponer maneras de trabajar no consensuadas a las personas que dependan de mí, y escucharé antes con interés sus propuestas.
  • “Me gustaría que me dieran las gracias cuando hago cosas para los demás; procuraré dar siempre las gracias.”

Quien esparce rumores que daña a los demás a menudo demuestra una actitud inmadura, irreflexiva y frívola. Una vez, a unos comentarios sobre algo que parecía que había sucedido en la escuela, una persona me respondió una frase que era todo un ejemplo de ponderación y que me ha hecho mucho bien: “Esto no nos afecta personalmente. Si realmente es importante que lo sepamos, ya nos llegará por el canal oportuno. En un colegio pasan muchas cosas. No las quiero saber todas, solo aquellas que hace falta que yo sepa.”

  1.  Ferran Ramon-Cortés publicó hace unos años un libro muy interesante y entretenido: Virus, (Ed. RBA) Mediante una pequeña historia en la que compara la extensión de un rumor en un entorno profesional con un virus exótico en un país lejano, ofrece unos consejos, a modo de vacuna para inmunizarnos contra los rumores. Es una lectura amena y útil, que aconsejo. Muchas de las ideas que habéis leído sobre la conducta directiva se las he tomado prestadas.