En el libro Profes que marcan. Cómo construir una reputación de docente que deja huella hablé de Marina Costa. Es una persona real, pero le cambié el nombre porque estaba convencido de que no le hubiera gustado que la citase. En realidad, Marinas hay muchísimas por todas partes. Seguro que conoces unas cuantas.
Marina Costa es maestra desde 1989. Comenzó como profesora de Lengua en el colegio San Pedro Pescador, de su ciudad natal, y ha continuado ejerciendo este trabajo durante 37 años. No ha publicado ningún libro, no tiene un blog y su presencia en las redes sociales es exigua. En concreto, solo tiene una cuenta de Facebook, con un escaso centenar de contactos. En 2026 ha entrado solamente dos veces. Lo hace siempre el día de su cumpleaños, porque sabe que encontrará alguna felicitación sorpresa, y en Navidad. En 2016 creó también una cuenta de Twitter, pero como no entendió bien cómo funcionaba, no volvió a conectarse.
Sin embargo, Marina es una grandísima influencer offline. Aunque si se lo preguntáramos a ella, no sabría decir qué significa este término. Pero destaca por encima de tantísimos influencers, no por la cantidad de seguidores, sino por la intensidad y duración de su influencia. A lo largo de estos 37 años ha enseñado a escribir, a sumar y restar, a atarse los cordones de los zapatos y mil cosas más a más de 2100 alumnos. Ha tenido más de 1200 conversaciones con padres y madres, que en muchos casos han significado decisiones trascendentales para su futuro: educación con estímulos positivos, corrección de hábitos inadecuados, detección de trastornos leves en el aprendizaje y, en algunos casos graves… También ha tenido unas 2.400 conversaciones con alumnos, ha solucionado cientos de conflictos en el aula, ha incidido en las relaciones de socialización de multitud de grupos escolares, etc.
Sé también influencer así
Desarrollar una marca personal online es un camino de crecimiento personal que te ofrece visibilidad y acceso a una amplia gama de audiencias, te conecta fácilmente con otros profesionales de la educación y, por tanto, te da la posibilidad de compartir ideas y colaborar en proyectos educativos; te da más reputación y autoridad frente a la comunidad educativa…
Por eso es interesante que consideres trabajar tu propia marca en Internet. Ahora bien, no debes sentirte en la obligación de crear tu blog o un canal de vídeo o un podcast –si no quieres hacerlo– sólo porque piensas que es imprescindible para tener más reputación, más oportunidades de trabajo, más contactos o más visibilidad. Si lo haces, que sea porque te apasiona tu campo profesional y quieres contar a los alumnos, a los otros docentes o a las familias cosas que realmente las enriquezcan y aporten valor. Que sea porque quieres difundir ideas que creas que benefician a la educación, a la sociedad, y por eso quieres llegar al máximo de personas posible.
Sin embargo, si tu motivación principal es exclusivamente la búsqueda de un reconocimiento personal, la pretensión de llegar a ser reconocido y admirado —lo que lleva a una dependencia de los «me gusta» y de comentarios que generan una satisfacción personal y una autoestima demasiado condicionada por los demás— o el interés de encontrar una forma de monetizar tu perfil podría minar tu integridad educativa.
Aclaremos esto, porque es importante: que tú tengas marca personal de docente no exige que tengas también una gran marca digital. La marca digital es la expresión en la red de tu personalidad real. Si cuentas con muchos seguidores en las redes sociales, fantástico, pero siempre debería preocuparte mucho más tu marca offline. No te dejes empujar por la tendencia de reducir la marca personal a la reputación digital. Esto no es así. Y mucho menos para los docentes, que tenemos un papel educativo tan trascendental.
Salvo que quieras abandonar la escuela y dedicarte sólo a generar contenidos en la red, debes pensar siempre, en primer lugar, en el impacto que dejas en los alumnos, tanto por la forma en que te comunicas cada día con ellos cara a cara, como por ti coherencia en la forma de obrar. Serás siempre para ellos una guía, una luz. No lo dudes: tus acciones, palabras y comportamientos en el aula serán los principales factores que determinarán tu reputación como profesional de la educación. Si alguien consiguiera grabar fantásticos vídeos, pero después descuidara a sus alumnos, seguro que, en cuanto se supiera (y todo se sabe), perdería credibilidad también en YouTube.
Dicho esto, te pido que, si ves que tienes cosas que nos interesan a los demás, ¡compártetelas en las redes! La satisfacción que produce ser leído en un artículo o un libro, escuchado en un podcast, visto en un vídeo o atendido por otros en una conferencia es, con razón, grande, porque esa satisfacción no viene de la vanidad, sino del bien que se está aportando a los demás y del orgullo noble de estar haciendo un buen trabajo. Vale la pena.
Pero siempre será mayor la influencia del trabajo docente en el aula. La presencia de un educador es un influjo infinitamente mayor, que produce una satisfacción también mayor, a pesar de los esfuerzos que exige, o quizá por esos mismos esfuerzos. Además, la interacción frente a frente con los alumnos, con las familias y con los compañeros es fundamental porque permite establecer vínculos duraderos. ¡Qué suerte ser docente!
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