La mascota puede convertirse en un activo estratégico del proyecto educativo. En un contexto de creciente competencia entre centros educativos, de saturación comunicativa y de exposición constante a mensajes visuales, la diferenciación no depende únicamente de la oferta académica. Sin duda, la calidad del proyecto educativo es el fundamento de cualquier escuela y se convierte en el contenido del boca a boca, pero la forma en que este proyecto se hace visible, reconocible y emocionalmente impactante es cada vez más relevante.

La identidad visual de una escuela no es un elemento ornamental: es una herramienta estratégica al servicio del proyecto educativo. Ayuda a hacerlo reconocible, coherente y memorable, y permite asociarlo a unos valores concretos a través de formas, colores, estilos y símbolos compartidos por toda la comunidad educativa.

Ahora bien, ¿basta un logotipo para que la identidad visual de una escuela sea realmente reconocible y conecte con alumnos, familias y entorno? La experiencia en branding escolar y numerosos estudios en psicología cognitiva y marketing apuntan a que las marcas que logran destacar son aquellas capaces de construir una «tribu», a través de vínculos emocionales duraderos con su público.

Es en ese escenario donde la mascota escolar aparece como un activo estratégico de primer orden. Y no sólo como soporte gráfico, sino como personificación del proyecto educativo.

 

Más memorabilidad que el logotipo

Varios estudios han demostrado que las personas recordamos mejor a personajes que símbolos abstractos. Las mascotas –especialmente cuando son antropomorfizadas– activan mecanismos de reconocimiento similares a los que utilizamos para recordar caras, relatos y experiencias personales. El logo, en cambio, apela sobre todo a un procesamiento más racional y analítico.

Tal y como señala Julien Cayla1, las mascotas funcionan como tótems organizacionales: concentran significado, valores y memoria colectiva de una forma más potente que muchos elementos gráficos tradicionales. Esta capacidad simbólica explica por qué, en la práctica, una mascota bien diseñada puede llegar a ser más fácil de recordar que el propio logo.

En el ámbito escolar, esto tiene implicaciones muy claras:

  • facilita el reconocimiento inmediato del centro en entornos saturados (redes sociales, comunicación digital, materiales gráficos);
  • refuerza la identificación emocional del alumnado con la escuela;
  • puede llegar a representar a la institución de forma autónoma, incluso sin necesidad de acompañarse siempre del logotipo.

Además, una mascota con personalidad definida, trayectoria y relato propio es difícilmente replicable. Mientras que colores, estilos gráficos o tipografías pueden ser imitadas, una mascota consolidada se convierte en una barrera competitiva intangible y un elemento distintivo único del centro.

 

Humanizar la escuela: storytelling y coherencia del discurso educativo

Una de las grandes fortalezas de las mascotas es su capacidad para humanizar a la institución educativa. Dotar a la escuela de un personaje con rasgos de personalidad claros —tono, actitud, valores, forma de relacionarse— facilita que la comunidad educativa perciba al centro como más cercano, accesible y coherente.

A diferencia del logotipo, que es esencialmente estático, la mascota es narrativa: puede evolucionar, reaccionar, aprender, equivocarse y comunicarse adaptándose a cada contexto. Esto la convierte en un vehículo privilegiado de storytelling educativo.

El relato de marca –o, en este caso, de proyecto educativo– es una herramienta clave para construir confianza, pertenencia y continuidad. La mascota no cuenta con historias ajenas: es la personificación de los valores del centro. Absorbe y transmite los atributos identitarios de la escuela de forma comprensible y con impacto emocional, especialmente para el alumnado.

La mascota puede actuar como mediadora simbólica en la comunicación escolar. Puede ayudar a transmitir normas, hábitos, valores o cambios institucionales de forma más empática y accesible, especialmente en momentos sensibles.

Por ejemplo, una mascota bien definida puede:

  • protagonizar campañas y comunicaciones institucionales;
  • actuar como hilo conductor entre distintas etapas educativas;
  • adaptarse a efemérides, eventos y contextos diversos;
  • reforzar mensajes clave sin recurrir siempre al discurso institucional formal.

Todo esto aporta coherencia discursiva a lo largo del tiempo, continuidad creativa y una mayor facilidad para construir relatos reconocibles y adaptables a cualquier circunstancia.

En el actual entorno digital, las mascotas tienen una ventaja competitiva clara respecto a los logotipos:

  • funcionan mejor como avatares, iconos, stickers, GIFs o contenidos animados;
  • generan más interacción y engagement en redes sociales;
  • facilitan un tono conversacional sin perder identidad institucional.

Varios estudios sobre mascotas universitarias en Estados Unidos (Wandel, 2018; Patterson et al., 2021) muestran que estos personajes refuerzan el sentimiento de pertenencia, el orgullo institucional y la implicación de la comunidad. Aunque el contexto es universitario, estos efectos son perfectamente extrapolables en el ámbito escolar, seguramente con más capacidad de eficacia.

 

El ejemplo Cisneros Alter

A diferencia del mundo universitario estadounidense, donde las mascotas son un elemento central de la identidad institucional, en España su presencia en escuelas y universidades es todavía muy limitada. La mascota no es ciertamente todavía una exigencia de prestigio. Pero por eso mismo ofrece una oportunidad diferencial para centros educativos que quieren construir una identidad propia con una alta carga emocional. Esta falta de tradición convierte a la mascota escolar en una oportunidad clara de diferenciación para los centros que apuesten por ella de forma estratégica y coherente.

En enero de 2026, el colegio Cisneros Alter, de Tenerife acaba de hacer pública a su mascota: un lobo simpático y amigable. En Branding Escolar hemos colaborado en el rediseño de la identidad visual del colegio y ahora en la creación de la nueva mascota. El lobo se ha hecho presente en las aulas, en los pasillos y en cada rincón de la escuela, compartiendo cada paso del camino con los estudiantes, como uno más de la comunidad. Cisneros alter (colegio vinculado al equipo  de la Superligade voleibol que lleva el mismo nombre) apuesta por una educación en los valores de la actividad física y el deporte, representados en el tagline de la escuela: #ValoresEnMovimiento ❤️🧡. Des de ahora, el compromiso con sus valores se personalizará en la nueva mascota: 👥 Equipo | 💪 Esfuerzo | ❤️ Respeto

 

Cómo elegir una mascota para una escuela

Disponer de una mascota no es una decisión superficial ni estética. Es una elección estratégica a largo plazo que debe estar plenamente alineada con el proyecto educativo. Algunos criterios clave a tener en cuenta son:

  • Enraizamiento a los valores del centro
    La mascota no sólo debe resultar atractiva visualmente, debe simbolizar los valores educativos que la escuela quiere transmitir.
  • Adecuación a todas las edades
    Debe ser capaz de conectar con el alumnado sin resultar infantilizadora ni generar rechazo en etapas superiores.
  • Neutralidad cultural y emocional
    Hay que evitar tópicos, estereotipos, connotaciones agresivas o lecturas excluyentes.
  • Versatilidad gráfica y narrativa
    Debe funcionar en múltiples formatos y canales, tanto en comunicación interna como externa.
  • Coherencia con la identidad visual existente
    Colores, vestido, tono y estilo gráfico deben estar alineados con la marca del centro.
  • Capacidad de evolución
    Una mascota no sirve sólo a una campaña puntual, sino que debe convertirse en un personaje institucional con recorrido.

Si pensáis la mascota como un personaje institucional —y no como un simple dibujo— tendrá garantizado su éxito.

Disponer de una mascota no es recurso superficial ni exclusivo de marcas infantiles. Es una decisión estratégica de branding educativo que, cuando está bien alineada con el proyecto y valores del centro, aporta memorabilidad, empatía, coherencia narrativa y diferenciación sostenible. En muchos casos, la mascota no sólo refuerza el logotipo: le supera en capacidad de conexión y recuerdo.

  1. Brand mascotes as organizational totems. Journal of Marketing Management. 2013