Trabajar con prototipos

La virtud principal del buen gobierno es la prudencia. Abordar cualquier cambio –mucho más aún un cambio cultural– es arriesgado. No podemos hacerlo de cualquier manera. Pero la prudencia no puede confundirse con la inacción. Hay que experimentar continuamente ideas nuevas. Debemos probar soluciones mejores a los problemas que tenemos planteados. Si esperamos a que algo deje de funcionar para cambiarlo, una cosa será segura: en algún momento no funcionará. No debemos tener, pues, miedo a equivocarnos. Es la única manera de progresar. Cuando nos equivocamos porque estamos continuamente mirando la manera de hacer mejor las cosas –con cordura y dedicando los recursos razonables–, adquirimos una musculatura mental ágil, que nos facilita rectificar y nos sitúa en una posición mejor que antes de equivocarnos: en el peor de los casos, habremos aprendido cómo no conviene hacerlo y lo podremos volver a hacer como al principio.

Pero los errores deben ser pequeños. No podemos cometer errores gravísimos. No es lo mismo rectificar una parte, que tener que rehacer todo de cero. Conviene, pues, comprobar enseguida las ideas nuevas sólo con una pequeña parte del proyecto que tengamos entre manos. Pequeña pero lo suficientemente grande para que permita que los resultados obtenidos tengan validez para ser extrapolados a todo el conjunto. Este planteamiento vale para todo. Sirve para los proyectos educativos. Por ejemplo, si nos proponemos implantar una nueva estrategia educativa mediante la adopción del trabajo colaborativo como eje, el aprendizaje por retos, o lo que queráis, no sería sensato comenzar cambiando radicalmente las aulas, relevando todo el mobiliario tradicional. Primero habrá que comprobar su eficacia con algunos grupos y quizás sólo unas horas. De este modo, cuando se vea el resultado, se estará en situación de valorar los pros y los contras, antes de dar un paso tan costoso y arriesgado. Si vemos que funciona, lo implantaremos en la programación vertical y preveremos las modificaciones necesarias en la escuela. Esto es trabajar con prototipos.

Quizás más en el mundo educativo que en otros, nos enfrentamos a numerosas teorías de laboratorio con dudosa aplicación práctica. No basta, pues, presentar un proyecto bien construido. Se debe demostrar con hechos que se puede llevar a cabo, que es eficaz, que es mejor que la forma como se está trabajando ahora. El prototipo es también una labor de equipo. Por ello, nos distribuiremos las tareas, de forma que se llegue antes al resultado, porque cada uno realizará aquella parte del trabajo para la que está más capacitado. Trabajar en equipo no significa siempre trabajar juntos. Hay también momentos de trabajo individual.

También en la comunicación, en el marketing y en el branding debemos actuar mediante prototipos.

  • Antes de decidir que una persona sea, por ejemplo, la responsable de la web de la escuela, se le puede pedir que escriba algunos artículos. Así nos evitaremos el disgusto de tener que relevar al poco tiempo, porque no conocíamos que su nivel de expresión escrita es pésimo.
  • Antes de abandonar las notificaciones a las familias con papeles fotocopiados y sustituirlos por envíos de e-mails, de SMS, el uso de una determinada red social, tendremos que usar simultáneamente los dos canales, por ejemplo, en el curso de 1º de Primaria.
  • Antes de lanzarnos a una estrategia de marketing mediante nuevas redes sociales, podemos analizar el rendimiento de una campaña en la cuenta de Instagram ya activo.
  • Del mismo modo que antes de cambiar la identidad visual, se comprueba cómo quedaría el nuevo logo en los diversos soportes que se utilizan. No se puede descubrir que un logotipo de colores y efectos 3D no funciona bien, si nuestra comunicación se hace habitualmente mediante fotocopias …

Cuanto más importante sea una decisión arriesgada, más conveniente es pensar la posibilidad de prototiparla. El prototipo debe ser una muestra de producto final terminado, hasta el último detalle. Este prototipo servirá para:

  1. Explicar mejor (un ejemplo vale más que mil palabras) y convencer a los reticentes, los menos imaginativos.
  2. Comprobar empíricamente la viabilidad del proyecto.

Si queremos una evaluación de la iniciativa tan objetiva como sea posible, conviene que acotamos al máximo el prototipo: ¿Nos resuelve un aspecto de nuestro proyecto bastante significativo? ¿Está vinculado con el objetivo principal que nos proponemos? ¿Podremos demostrar sólo para este prototipo que el resultado vendrá o hay otros factores que dificultarán la evaluación correcta del proceso? Durante la construcción del prototipo, convendrá tener una actitud de feedback permanente y hacer las correcciones al prototipo sin esperar tenerlo terminado. Los primeros pasos son forzosamente lentos. Ojalá no tengamos que lamentar de algunos errores en la base, cuando todo el proyecto ya esté desarrollado.

Hay un ámbito en el cual la actitud de testeo constante es imprescindible: en los contenidos de Interent. Precisamente por la facilidad que nos ofrece tanto de realización como de evaluación posterior de los resultados, podemos comprobar constantemente qué funciona mejor:

  • ¿Qué ocurrirá si convierto el título en una pregunta?
  • La llamada a la acción, ese botón de color naranja, ¿tendrá más éxito si lo situo arriba de la página?
  • ¿Es mejor enviar este correo electrónico con imágenes y un formato bien maquetado o solo con un texto breve muy persuasivo?

Para cada tipo de trabajo, el prototipo tendrá características muy diversas y serán, por tanto, también diferentes los modos de plantearlos. Pero en todos los casos es importante mantener en todo momento en el punto de mira el objetivo que nos proponemos. Podría suceder que en el transcurso del trabajo práctico, se arrincona a un segundo plano, de forma involuntaria algún objetivo esencial. Por ejemplo, con el fin de llegar a nuevas familias, una escuela se puede proponer hacer un canal de vídeos en YouTube. En la elaboración del prototipo, en cambio, se olvida este objetivo y los contenidos se centran exclusivamente a revivir momentos emotivos sólo para sus miembros.