Acabo de regresar de Bogotá, donde he participado en el VI Encuentro Nacional de Educación Privada, un evento anual que ha contado con la asistencia de unos mil directores de escuelas de Colombia y de oradores de renombre, como Mario Alonso Puig. Yo hablé sobre el papel clave de la referencia para el marketing educativo y la importancia que el profesorado tiene para que se produzca la recomendación por parte de las familias de una escuela.

En una de las diapositivas les mostré seis preguntas que considero que todos los equipos directivos deberían hacerse siempre que tomen decisiones. Porque en la forma en que se decide y se comunica cada resolución se muestra de forma palmaria la capacitación real con la que se dota al profesorado en el proyecto de la escuela.

Las seis preguntas que planteo son estas:

  1. ¿Todo el mundo que tendrá que ejecutarlo ha podido compartir su enfoque?
  2. ¿Se ha elegido la mejor opción sin importar quién la ha formulado?
  3. ¿Pueden surgir rumores y hay que ser rápidos informando?
  4. ¿A quiénes habrá que informar antes, porque están implicados?
  5. ¿Con quién deberemos hablar personalmente, ya que le afecta más?
  6. ¿Cuál es el canal más apropiado (comunicación, reunión, email, web, etc.) para cada público (interno, familias, autoridades, sociedad…) en este caso?

Decidir contando con la gente

Las dos primeras preguntas se refieren a la misma toma de una decisión. En primer lugar hay que asegurar que ha existido conocimiento y, consecuentemente, participación real por parte de las personas que tendrán que hacerlo suyo. Quien no tiene margen de participación en un proyecto, difícilmente se implicará en él con alma y cuerpo. Pienso que la capacidad de una escuela de retener el talento depende muchísimo de ello: las personas valiosas necesitan sobre todo retos, no sólo tareas por cumplir.

  • ¿Todo el mundo que tendrá que ejecutarlo ha podido compartir su enfoque? El crecimiento profesional pasa siempre por la capacidad de mejorar lo que se hace. Cuanto más importante sea la cuestión sobre la que decidamos, más conviene escuchar la opinión de la gente.
  • ¿Se ha elegido la mejor opción sin importar quién la ha formulado? Parece evidente, pero no lo es. Hace falta mucha humildad para aceptar que las ideas de los subordinados son mejores que las propias. Y más aún para dejar que aquellas estrategias que tanto hemos pensado se mezclen con aportaciones de cualquier docente novel. Los verdaderos líderes, sin embargo, son personas que sacrifican su “cómo” conscientes de que esto facilitará llegar a la meta con todo el equipo.

Y comunicar bien las decisiones

Las cuatro preguntas restantes se refieren a la forma en que se comunican las decisiones. Ordinariamente no se da mucha importancia a esta cuestión. En el día a día se va decidiendo un cúmulo de cosas y se sigue adelante, sin más: cambios en la programación, en las materias optativas, en las actividades complementarias, en las distribuciones de los espacios, en tantas cosas… En cambio, detenerse a pensar cómo comunicarlas es fundamental. Cuántas veces, una mala comunicación dificulta la ejecución de lo que se ha decidido o complica su aplicación hasta el punto de enrarecer el ambiente. No debe extrañarnos, pues, que podamos necesitar más tiempo para hablar de cómo comunicaremos una decisión, que en la propia toma de la decisión.

  • ¿Pueden surgir rumores y hay que ser rápidos informando? Lo primero que debemos valorar en la comunicación de un tema es la capacidad que tendrá de suscitar rumores. Y, lógicamente, los suscitará siempre, si la información llega a las personas interesadas tarde y de forma fragmentada.
  • ¿A quiénes habrá que informar antes, porque están implicados? Es un deber de justicia además de la solución inteligente. No es razonable que aquellas personas que deben ejecutar una resolución se enteren a través de terceros de qué es lo que finamente se ha decidido. Desgraciadamente he oído muchas veces a profesores quejándose de que han sabido una decisión que les concernía directamente a través de un compañero o incluso de una alumna.
  • ¿Con quién deberemos hablar personalmente, ya que le afecta más? Existen decisiones que tienen para los afectados un alto componente emocional. También hay gente más sensible que los demás. Agradecerán mucho que se les personalice la comunicación. La reacción que se suscitará puede cambiar tanto. Comunicarse personalmente con el profesorado debería ser un hábito: la calidad de una escuela proviene de las conversaciones informales que se tienen en ella. Pero en algunos momentos, especialmente en decisiones difíciles, marcarán la diferencia entre un mero directivo y un auténtico líder.
  • ¿Cuál es el canal más apropiado (comunicación, reunión, email, web, etc.) para cada público (interno, familias, autoridades, sociedad…) en este caso? Cada decisión tiene su canal. Es necesario ser eficientes. El peligro contra el que se lucha en la actualidad es la infoxicación: un exceso de informaciones que se transmiten por una multitud de canales y que, en cambio, no logran llegar a las personas afectadas. Vivimos en una sociedad de urgencias, dispersión mental y excesivos impactos comunicativos. Acertar el canal no es cuestión secundaria.

Todo el tiempo que invirtamos en decidir y comunicar bien lo que decidimos nos facilitará que realmente se implementen bien las decisiones. Estas son las seis preguntas que sugiero para gobernar la escuela con participación y conversaciones. ¿Te parecen las adecuadas? ¿Añadirías alguna? Escríbela, por favor, aquí debajo: