Cada año, especialmente a principio de curso, convocáis a madres y padres en el colegio para transmitirles informaciones que consideráis importantes. Hace cinco años publiqué en el libro Tu escuela, una gran marca que acaba de reeditar Santillana en Colombia, un artículo sobre las reuniones con padres y madres. Lo acabo de releer y pienso que vale la pena que te comparta estas ideas, porque pueden serte útiles. Hablaré pensando especialmente en los profesores y las profesoras, todos los tutores y tutoras que en algún momento u otro debéis enfrentaros a esta audiencia, diferente a la habitual.

Los docentes somos, por lo general, buenos comunicadores. Estamos acostumbrados a hablar cada día en público a niños o adolescentes (aunque quizás nos sobran lecciones magistrales). Pero la comunicación con las familias exige más. El día que debemos hablar a padres y madres es muy especial, puesto que el resultado tendrá una repercusión muy duradera.

Hay dos aspectos que deberían tenerse muy presentes en estas reuniones:

  1. La imagen que mentalmente se construyen las familias de la escuela se forma a través de impactos aislados que se van sumando uno a uno. Cada nueva información confirma o reestructura la imagen que se tenía. Estos datos mentales –por tanto, subjetivos– no se basan sólo en la racionalidad (en juicios argumentados); las impresiones y las emociones –también cuando son inconscientes– tienen posiblemente mayor importancia. Además, son más relevantes cuanto más cercana sea la fuente: tendemos a creer más a la vecina que a un folleto (“Aquí dice que el colegio tiene grandes servicios para el deporte, pero la piscina está siempre cerrada y el gimnasio lleno de máquinas oxidadas”); la hermana más aún que la vecina; y nuestra propia experiencia por encima de todo.
    Por tanto, cuando se tiene la oportunidad de ofrecer experiencias personales directas, hay que aprovecharla porque son capitales. Una madre y un padre satisfechos por la forma en que han sido tratados el día que acudieron a la escuela a conocer a la tutora tendrán un cojín mental que amortiguará durante mucho tiempo cualquier impresión negativa que pueda llegarles mediante opiniones de otros padres , rumores o malas noticias.
  2. En el mundo de las marcas está cobrando cada vez mayor relevancia el servicio de atención al cliente y la proximidad. En el caso de las empresas comerciales es muy complejo, porque, ahora que incluso compramos por internet, el trato se limita básicamente al momento de la reclamación. ¡El nivel de relación de una escuela es inmensamente mayor!
    Tienes que tener presente que cada uno de tus alumnos y alumnas tienen un padre y una madre que los quieren por encima de todo. Aunque en una escuela haya directores, jefes de estudios, jefes de comunicación, secretarias atendiendo al teléfono, etc., la relación que más les importa es la que les ofrezca su profesor o profesora. La impresión, pues, que más les afectará, tanto positiva como negativamente es la que tú les transmitas. Por tanto, las expectativas que se hacen y el resultado que después obtienen, tanto de las entrevistas singulares como de las reuniones con el resto de padres y madres, se convierten en capitales para su satisfacción. Y no pensemos que será sólo durante unos días, sino que quizá se mantendrá latente a lo largo de todo el curso.

Ambos puntos nos ponen de manifiesto qué nos jugamos en cada reunión de padres y madres. Merece la pena que salga muy bien. No estoy diciendo que tengas que pasar días y días preparándola, ni que inviertas recursos impensables. Es más una cuestión de cabeza y corazón que de medios.

La forma en que les comunicamos la convocatoria puede parecer un tema menor, pero no lo es tanto como parece. ¿Lo hacemos de forma estimulante? No hace falta mucha empatía para imaginarnos la pereza que hace buscar a un canguro para los niños, perderse el partido de la Champions, preparar a media tarde la cena de los hijos, salir de casa una noche lluviosa… ¿Qué expectativa generamos? ¿Nos limitamos al comunicado frío de cada curso? ¿Tendríamos que hacerlo de otra manera? ¿Ayudará esto a conseguir que vengan más padres y madres y con una actitud más abierta, más positiva? Hace poco vi un tuit de un instituto que era realmente estimulante: en la foto se veía al equipo de tutores de 1º de ESO mostrando contentos el material que habían hecho para el mural. El texto decía: “Madres y padres de primero, todo preparado. Hoy nos conoceremos!!”. Me daban ganas de ir.

 

Tú eres la estrella

No pretendo adularte, pero lo cierto es que es así y lo sabes: por mucho que haya invitado a algún conferenciante antes de ir hacia las aulas o que hable primero la directora, los padres, a quienes quieren conocer, a quien quieren oír, es a ti, la persona a cuyo cargo estará quien más aman. Todo el éxito pasa por tus manos. Afirma Arturo Gómez Quijano: «La realidad no existe, sólo existen las percepciones». La forma en que nos perciban determinará qué considerarán real sobre nosotros. Han oído hablar de ti a la hija, pero ahora llega el examen de verdad. No lo olvides: vendrán para verificar si lo que el hijo o la hija les ha dicho de ti es verdad o no, y si pueden confiar en que contigo la cosa irá bien.

Muéstrate, pues, optimista. Más aún, entusiasta. En el mundo educativo vencen a quienes están convencidos. La actitud tiene un efecto multiplicador: transmitirás confianza y entusiasmo a los padres. Así sonríe, como quien lo tiene todo controlado. La sonrisa es muy poderosa. Creerán que estás en condiciones de superar cualquier adversidad que se presente a lo largo del curso. Y como lo creerán, será más real. Cuida también de tu aspecto algo mejor de cómo lo haces habitualmente, sin exageración.

Quizás te consideres una persona poco simpática o poco agraciada, algo demasiado seca y seria. A muchos padres les ocurre lo mismo. No hace falta ser un modelo, un crack; es mejor ser sencillamente una persona cercana. Sé tú mismo, sé tú misma, como eres. Pero dalo todo y saldrás adelante.

Debes ganarte a cada padre y cada madre, uno a uno. Esto implica dedicación. Tu misión no termina, pues, en la exposición oral pública de los contenidos que quieres comunicar. No puedes pensar que lo único que te corresponde a ti es el rato de charla en clase. Antes y después tendrás mucho que ganar buscando el trato con los padres y madres del curso.

Este hecho abre diferentes interrogantes y quizás tendréis que fijar un protocolo: ¿Dónde esperas la llegada de los padres? Te interesa presentarle a tantos como sea posible. Pídeles también que se te presenten. Evita hacerlo demasiado formalmente, sin mirar a la cara. En momentos de atolondramiento podemos ser muy maleducados sin darnos cuenta.

Por eso, conviene preparar con tiempo todo el material necesario: fotocopias, proyector, micrófono… Que no te vean todavía ocupado en esto. Cuando están los padres y madres, sólo tienes que estar pendiente de ellos.

Intenta recordar sus nombres además de los apellidos. Luego –sin que sea forzado– los utilizarás cuando hable con ellos. No es lo mismo decir: “Sr. Puig, el lugar de su hija es éste”, que haber llegado a la confianza de decir: “Manuel, Rosa se sienta aquí”.

Muchos padres tienen preguntas privadas sobre sus hijos y buscarán cualquier momento para hacerlas. Sin embargo, a veces no es una sino muchas o muy largas. Hay que pensar formas elegantes de emplazarlos a una conversación individual otro día.

¿Cómo les facilitáis que sepan dónde deben ir? Muchos no saben de qué clase es su hijo. ¿Podéis prever una forma de orientarlos cómoda para todos?

 

El momento estelar

En la preparación de la reunión –que lógicamente se hace con el resto de tutores del curso, pero que tampoco debe perder lo exclusivo de cada clase– conviene pensar qué interesa a padres y madres y no sólo lo que los tutores consideráis importante comunicar. La finalidad de la reunión no es sólo transmitir datos. Interesa que salgan bien contentos.

Concreta unos objetivos para la reunión, no sólo contenidos. A menudo se confunde preparar una sesión con preparar un powerpoint. Evidentemente, si lo utilizas, debe estar bien preparado y con la identidad corporativa de la escuela o el instituto. Pero lo importante es que no quite protagonismo a lo importante. Tiene que animar la sesión, no amodorrarla. Y, por cierto, ¿de verdad hay que volver a repetir lo que “este curso es crucial que estudien mucho y bla, bla, bla”?

Piensa previamente todas las dificultades que pueden surgir. Entérate de los problemas y posibles puntos de fricción: quejas por la nueva tarifa de la cocina, una nueva profesora de matemáticas que pone muchos deberes, optativas donde han podido entrar pocos alumnos… Prepara de antemano la respuesta a cualquier pregunta complicada. No vale lanzar balones fuera de forma negativa: “Esto es un tema de la dirección. Pregúntalo a ellos”. Así se pierde autoridad moral frente a los padres. Lógicamente no habrá que responder a todas las preguntas: “Ahora no puedo darte una respuesta. Lo consultaré”. O también: “Esto es una cuestión particular. Es mejor que lo hablemos personalmente después”.

Condiciona bien el aula. Ya desde varios días antes: el orden, pequeñas reparaciones, pósters y murales, etc. No es falsear la realidad, sino aprovechar su presencia para mejorar el orden, la amabilidad del aula, etc. Puedes añadir alguna sorpresa agradable. Por ejemplo, fotos simpáticas de los chicos y chicas. Si les resulta agradable entrar en clase, hemos ganado mucho por crear un clima cordial.

Facilítales, por ejemplo, que se sienten en el lugar del hijo. Les hace ilusión. ¿Hay algún problema? ¿Tienes alguna solución creativa que se lo facilite? Si por cada niño y niña hay un padre y una madre, necesitarán muchas más sillas de las que habitualmente hay en el aula. ¡He visto tantas veces padres de pie, deseando que se acabe de una vez la reunión para poder moverse! No sé si es sólo una impresión mía, pero tengo la sensación de que la mayoría de intervenciones problemáticas se asocian a un padre derecho junto a las perchas.

Es importante la puntualidad de empezar y también de terminar. Si la reunión debe iniciarse a las ocho y la retrasa porque hay poca gente, está siendo poco respetuoso con los presentes. Alargarse más de la cuenta demuestra no haberse preparado bien la exposición y puede convertirse también en una falta de respeto.

Piensa un buen arranque, que llame la atención, que genere una buena expectativa. También prepara, si la sesión será larga, un par de momentos especiales, que recuperen los distraídos. Ensaya los momentos clave, como si fuera una obra de teatro.

Habla de pie. Mirando hacia adelante. Cuidado con girarte continuamente hacia la proyección, de modo que les des la espalda. Con las manos adelante, abiertas: ni en el bolsillo, ni brazos cruzados. No hace falta contárselo a un profesor: un tono de voz fuerte y modulado, con un ritmo variado… Tienes que tener postura “de ganador”. No es chulería; es satisfacción de hacer bien las cosas y deseo de satisfacer a padres y madres. Un gesto de seguridad, te ayudará de verdad a tener mayor seguridad.

Cuéntales un par de buenas anécdotas de sus hijos y úsalas para tu argumentación. Conectarán mucho. Puedes narrar también algo que ha salido mal –evidentemente sin criticar a nadie–, si explicas que ha servido para mejorar.

Otro consejo de Arturo Gómez Quijano: mejor hacer preguntas que acusaciones, hacer una petición que una orden. “¿Queréis decir que no deberíamos ser todos más exigentes con la hora de ir a dormir? Pensad la forma de que no tengan el móvil en la cama”. Esto es mucho más amable y animando que oír decir: “No sois suficientemente exigentes con la hora de acostarse. ¡No les dejéis más que tengan el móvil en la cama!”.

Corta la rumorología. Si tiene constancia de que un tema está siendo objeto de comentarios y no lo abordas, ha perdido una buena oportunidad. Y evita generarla. Lo que más rumorología genera son las respuestas titubeantes, poco convincentes, las explicaciones difusas e incompletas. Cuando escuchen hablar con convicción, aunque no estén del todo de acuerdo, acabarán aceptándolo. Si esa asertividad va unida a la comprensión y transmite seguridad, todo sale bien.

Todo lo que estoy apuntando aquí son sugerencias. Tu, pensando en las características de los padres de tu alumnado, sabrás encontrar otros recursos mejor para que se sientan implicados en la escuela y salgan contentos.

Debes proponerte que la reunión sea un poco más corta que lo que padres y madres se esperan. Esto siempre gusta. (Yo reconozco que esto no lo he logrado contigo, en este artículo).

Piensa un buen fin. Es lo que van a recordar. Tienes que provocar que te aplaudan. Si lo hacen es que ha salido muy bien. Y de eso te beneficiarás tú y toda la escuela. No es una buena manera de terminar decir: «Bueno, esto es todo».

Bien, eso es todo. 😉