LEOPOLDO ABADÍA
Nacido en Zaragoza el 7 de septiembre de 1933, es Doctor Ingeniero Industrial e ITP Harvard Business School. Fue miembro del equipo fundador del IESE, actualmente una de las grandes escuelas de negocios a nivel mundial, donde impartió la asignatura de Política de Empresa durante más de 30 años. Es Patrono de Honor de la Fundación Alia2 de lucha contra el acoso infantil en Internet y Presidente de Honor del Congreso “Lo que de verdad importa. Jóvenes con valores” de Barcelona. Fue nombrado Ingeniero del Año por el Colegio de Ingenieros de Madrid en 2010. Su documento “La Crisis Ninja” está considerado como la mejor explicación en español sobre la crisis económica mundial. Es un texto sencillo, con un acertado análisis que sirve de “traducción” de la economía al lenguaje común. Su blog www.leopoldoabadia.com cuenta actualmente con más de 5.000.000 de visitas procedentes de todo el mundo y ha convertido a su autor en una persona de referencia a la hora de analizar los hechos económicos surgidos a raíz de la crisis.
Ha sido colaborador habitual de programas de televisión (Buenafuente, Espejo Publico, La Tarde en 24h), Radio (La mañana de la Cope, Anem de tarda en RNE) y prensa escrita y digital (El Confidencial, The Objective). Su columna de los viernes en El Confidencial es seguida por cerca de 95.000 personas. Ha protagonizado las campañas publicitarias de Repsol, Movistar, Skoda, Universidad de Navarra, MGS Seguros y Martínez Echevarría Abogados. Desde 2008 realiza conferencias sobre análisis de actualidad económica, empresarial y familiar por toda España, y se calcula que ya le han escuchado en persona cerca de 2 millones de personas.
Un libro
36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien
Leopoldo Abadía es padre de doce hijos y abuelo de cuarenta nietos. No es poco bagaje para poder glosar el tema.  Nos habla en él de los problemas que preocupan a todas las familias: la educación de los hijos, la gestión de la economía doméstica, las relaciones familiares… son algunos de los temas que Abadía aborda con su peculiar tono divulgativo, sensatez y sentido del humor.
A modo de charla amistosa, el autor expone un conjunto de principios y normas que pueden servir a los padres como guía para lograr un estilo de vida familiar capaz de unir a todos sus miembros sobre una base de cariño y respeto a la libertad.
Con más de 150.000 ejemplares vendidos, ofrece de consejos sencillos, surgidos de las experiencias vividas por el matrimonio Abadía en la educación de sus 12 hijos en muy diversas circunstancias, que exigieron de ellos fuertes dosis de paciencia, serenidad y comprensión, sin renunciar a la firmeza necesaria en los momentos de crisis. Se destaca la importancia de considerar a cada uno de los hijos como un ser distinto e irrepetible, al que es preciso dedicar atención específica, de acuerdo con su personalidad individual. Para lograr su confianza, los padres deberán estar dispuestos a escuchar sus protestas sin escandalizarse cuando adopten posturas que se opongan a sus propios criterios y puntos de vista.

ENTREVISTA A LEOPOLDO ABADÍA
Divulgador de Economía

En el mundo de las escuelas nos encontramos un hecho: faltan niños.  Tanto es así que hay colegios que cierran. La mayoría lo pasan mal y pierden alumnos. Entonces surge la necesidad de venderse, de hacer marketing. ¿Cómo ve que la escuela haga marketing?
Lo veo muy bien. Es que el marketing, las escuelas, lo han hecho siempre. Cuando yo iba al colegio, iba a los Jesuitas, en Zaragoza. ¿Por qué? Tenía fama de que era un buen colegio, había un boca a boca, un prestigio. Quizá es que tenían una marca. Cuando se decía colegio de los Jesuitas, es que por definición era bueno. Eran otros tiempos, pero al final, mis padres elegían ese, y no otro que estaba más cerca de casa porque ese era bueno.

¿Y eso era marketing como lo entendemos ahora?
El marketing era de otra manera: a base de mucha calidad de los profesores, de mucha exigencia a los alumnos, de muchas horas de trabajo aprovechadas… Cuando oigo que mañana van de excursión aquí y luego van allá, pienso que están perdiendo el tiempo. Recuerdo que tenían fama de que allí echabas muchas horas. Teníamos clase, después te metías en la sala de estudio y salíamos a las ocho y media de la noche. Y los sábados también… Mis hijos, cuando les cuento esto dicen: “Estabais locos”. ¡Los domingos también íbamos! Me parece que se hacía marketing de otra manera. Se centraba más en los alumnos y los padres y menos, en vender el colegio, como veo en todos estos anuncios en la prensa, de inscripciones abiertas, plazas limitadas…

Hace quince días entrevisté a Toni Segarra, publicista, hace dos años a Luis Bassat, y los dos me dijeron que, si tuvieran un colegio, no pondrían anuncios…
Ahora, en cambio, los están poniendo.

¿Es que quizá no es el mejor recurso?
Si lo dice Toni y lo dice Luis, ya me hace pensar… Son gente que acierta. ¿Yo, si tuviese un colegio, haría marketing? Me plantearía hacer marketing al final. Primero que sea un buen colegio porque hay seriedad. Y en segundo lugar, porque se formen personas. Esto es una manía que tengo: en los colegios hay que formar personas. Mis hijos, de adolescentes, suspendían continuamente. Si llegaba uno con un montón de suspensos, había que decirle algo, claro. Mi mujer y yo le reñíamos. Y cuando lo mandábamos a la habitación, mi mujer me decía: “Pero que majo que es, ¿verdad?” En el último libro me ha dado por decir que un chico tiene que ser majo. Cuando contratamos a alguien en una empresa, se mira el currículum, el expediente, pero no se mira si es ‘majo’, es decir, noble, limpio, que mira a los ojos, que es trabajador… ¡Si consigo que mi colegio sea una fábrica de chicas y chicos majos! Eso exigirá ocuparse de ese que no es muy listo, pero es el más noble de todos, que no es trepa y ayuda a los demás. Ese puede tener un futuro brillantísimo.

¿Educar el carácter es más importante que los conocimientos?
Mis hijos, no se acuerdan de nada de lo que les explicaron en el colegio. Yo, tampoco. Pero si me ayudaron a formarlos, está amortizado todo. Un colegio debe formar personas. Dar formación integral.  “¿En este colegio, los niños saben mucho de un tema? Cuando lo tengan que poner en marcha, aquello ha pasado de moda o se ha olvidado…

¿La formación intelectual ha cambiado mucho?
Exagerando diríamos que hoy no hacen falta ni las cuatro reglas –sumar, restar, multiplicar y dividir–, que para eso ya tenemos la calculadora. ¿Geografía? ¿Para qué? Tengo dos nietos en casa ahora. Cenando con ellos, pregunto: “¿Dónde está Liechtenstain?” Basta mirarlo en un segundo en el móvil. Las cosas han cambiado, pero hay que conseguir que la gente sepa, que tenga lo que antes llamábamos cultura general. No puede basarse todo el conocimiento en que esta maquinita funcione (señala el móvil con el que estoy grabando).

¿Necesitamos la memoria?
Hay que hacer algo para que la gente discurra. Creo que es importante que sepan cosas de memoria. Yo me acuerdo de temas de memoria. No sé si sirven para algo. Pero creo que era bueno que aprendiéramos a usar la memoria, porque, de otro modo, es una potencia que eliminamos.

Hacer las cosas bien y pensar que así basta ya es historia. ¿Y ahora solo cuenta parecerlo?
Es lo de siempre. Si vendes jerseys, tienen que ser buenos. Si ayudas a formar a niños, lo que des también tiene que ser bueno. Hago hincapié en la palabra “ayudas”, porque la educación es única y exclusivamente responsabilidad de los padres. En un libro puse esto. Luego añadí: “Releo el párrafo anterior y quito ‘única y exclusivamente’.” Luego puse: “Lo vuelvo a releer y lo vuelvo a poner”. Los que forman son los padres y el colegio colabora. Por eso, los padres se tienen que interesar por un colegio que tenga el mismo ideario que el suyo, porque, si no, al hijo lo vuelven loco. Tengo una hija profesora. Me decía que el problema ahora son los padres. A una niña, le riñes a las once y a las doce tienes los padres en el colegio: “¿Por qué ha reñido usted a mi hija?”. “ Le he reñido porque sí y le irá muy bien que le riña, porque en la vida le reñirá mucha gente”. Parto de la base de que el colegio es colaborador, y de que tiene el mismo ideario que los padres –o habría que advertírselo a los padres porque, si no lo aceptan tendrán un disgusto la escuela y ellos. 

¿Los padres son los responsables de la eduación, y el colegio es subsidiario? Pero tendrán que estar de acuerdo en el modo de educar…
Sí y esto exige, en primer lugar, que los padres digan este ideario es también el mío. En segundo lugar que respeten y acepten al colegio como colaboradores, ya en algún momento tendrán alguna equivocación. Si es importánte tendrán que decírsela y si no lo es deberían callársela. Y tercero, que respeten l colegio, que, por ejemplo, en el whatsapp que se habrá formado con todas los padres y madres de la clase, no se dedicarán a comentar que tal profesor es inútil… Se siega la yerba a los profesores a base de desprestigiarles.

En defitiva haría un marketing interno, montando un colegio pontentísimo, donde los chicos supiesen lo que tienen que saber, que utilizasen abundantemente la memoria, la inteligencia y la voluntad. La voluntad, por ejemplo, se ve cuando un trabajo debe estar al día siguiente por la mañana. ¿Hay que quedarse a trabajar por la noche? Pues se hace. Y, por supuesto, no admitir nunca la frase “Estoy agotado”. ¿De qué? Cuando trabajaba con chicos jóvenes, en el repaso del día, siempre había alguno que decía “Estoy agotado: he tenido una reunión a las nueve, a las diez he hecho un informe…”.”Entonces simplemente has trabajado”. Lo que hice fue prohibir que se agotasen. “El que se agote se va a la calle”. ¡Les mejoró la salud a todos! 

“Es lo de siempre. Si vendes jerseys, tienen que ser buenos. Si ayudas a formar a niños, lo que des también tiene que ser bueno”

Un colegio poténtisimo… Eso exige unos profesores de calidad.
Exacto. No me sirve el profesor colega. ¿Te suena el juez Calatayud?

Sí claro, el de menores.
Es el sentido común en persona. Preguntando si el padre tiene que ser amigo del hijo, responde que no. Si el padre convierte al hijo en colega, lo hace huérfano. Por supuesto que el padre tiene  que ser amigo del hijo, pero sin ser colega, sin dejar de ser padre. Veo fotos de cuando yo era novio de mi mujer, en Zaragoza, donde en esta época hace un calor tremendo, y yo iba con chaqueta y corbata. ¿Cuántos profesores tienen una corbata en su casa? Ya sé que las cosas han cambiado muchísimo, pero es solo un ejemplo. Los profesores tienen que ser extremadamente educados. Tienen que ser  un modelo con sus hechos, que los alumnos puedan decir: “Yo de mayor quiero ser así”. Por ejemplo, pienso en un profesor de mis hijos quese acaba de jubilar. Es un modelo, una persona de una pieza. Tiene que haber cien como él. Por tanto, buenos profesores, que entiendan que hay que formar personas, con una exigencia seria. 

¿Se han perdido las formas?
Son quizá tonterías, pero en las películas americanas, cuando entra el Presidente en la rueda de prensa, se ponen depié todos los periodistas. Aquí entra una autoridad y la gente sigue hablando. ¡No! Que es el presidente… o la madre superiora, me da lo mismo. Pero ponerse depié, sí. A mi me ha pasado que di una conferencia en Madrid, en un colegio mayor de los Dominicos. Había unos cuarenta chavales y se pusieron depié al entrar. Me quedé sorprendido. Me dijeron: “Claro”. Se da, dentro de su formación integral. Lo que ha pasado en Francia, de ese chico que le ha dicho a Macron “¿Qué hay Manu?” y este le ha respondido “Al Presidente de la República se le dice señor”. A mi me parecen bien los colegas, pero al Presidente de la República se le dice Presidente o Señor. Bueno, me estoy yendo por las nubes.

No. Pero lo que parece que va a funcionar cuando un colegio está perdiendo alumnos es innovar, a través de las nuevas tecnologías, de nuevas metodologías, de la implantación de las inteligencias múltiples… Los padres, que no lo entienden muy bien, piensan que quizá es eso lo que hay que hacer.
Y seguramente hay que hacerlo. ¿Que los chavales tengan un iPad? Yo creo que sí. A mi me ha costado 60 años, pero está claro que un chaval tiene que manejar el ordenador como yo ya no lo manejaré nunca. Los que han nacido en un mundo digital, por supuesto. Dentro de la formación, para que el colegio sea potentísimo, tenemos que dar la formación que ahora hace falta. Sí, que forme parte del proyecto del colegio. Y se puede hacer una cierta publicidad de ello, pero pienso que tendría que hacerse más publicidad de “¡menudos tíos sacamos del colegio!”

También me decía Toni Segarra: “Yo mi anuncio del colegio lo quiero meter en los grupos de WhatsApp”.
Sí, claro. Absolutamente de acuerdo. Cuando hablaba de publicidad me refería a eso. Ahora tengo “nosécuántosmil” followers. Tengo que contar con ellos para poder decir lo que quiero decir. Teníamos una tienda en Zaragoza en que hacíamos publicidad regalando cromos. Era lo más avanzado entonces. Hoy hay que hacer mucha publicidad de otra manera. Pero me gustaría que fuese una publicidad muy bien pensada.

¿Más centrada en lo que es educar que en los medios?
Sí, que quede claro que ahí se forman hombres o mujeres de categoría.

Por la experiencia personal y viéndolo ahora en los hijos, que por primera vez llevan a los suyos al colegio, ¿qué tendría que tener más en cuenta una escuela respecto a lo que están buscando los padres?
Una cosa que agradecen mucho es que el tutor o la tutora conozca al hijo a la perfección. No admiten, en cambio, eso que a veces puede ocurrir, que lleguen a la conclusión de que se ha equivocado de niño. Mi hija de Zaragoza ve a todos los padres almenos una vez por trimestre, pero llamándoles, eh. Si acaba conociendo bien a los padres y ve el ambiente y demuestra que conoce bien a las hijas, sucede que vas con ella por Zaragoza y no avanzas diez metros. Le paran alumnas, antiguas alumnas, madres, abuelas, novios y exnovios… Se ha hecho amiga de todos ellos. Cuando tienen un problema, van a Zaragoza a hablar con ella. Esto es un marketing increíble. Que alguien pueda decir: “Mi hija ha ido a hablar con la tutora que tuvo hace quince años”. Colegio potentísimo y marketing abundante, de otra manera. El anuncio o el cartel quizá habrá que ponerlo, pero la clave no está ahí.

¿Dónde está la clave?
Cada colegio debe transmitir su identidad. Me parecen bien todos. Si un colegio es confesional, lo debe decir y exponer –sin obligar a la práctica– los valores religiosos. Eso forma parte de la formación integral. Me dan pena los que no les dan nada de cultura religiosa. Me parece una concepción equivocada. Ese chico ni siquiera podrá ir a un museo. Cuando pase delante de una anuciación o la degollación de los inocentes, no entenderá nada. 

“Hay que ver qué está haciendo el profesorado a favor o en contra de formar al alumnado como personas íntegras”

Recuerdo un niño que, yendo por primera vez a una misa en Montserrat, cuando el sacerdote hizo la señal de la Cruz, exclamó: “¡Ha hecho lo de Messi!”.
Hay gente que tiene complejo de inferioridad. ¿Su colegio es católico? Por lo tanto, se dará formación católica. Es lógico y no hay más que hablar. Si mi colegio era de los Jesuitas, eso significa que se vivía lo que decía San Ignacio de Loyola. El otro día otorgaron el premio Leopoldo Abadía –fíjate tu–. Una cosa que dije es que les agradecía que me hubiesen hecho ir a misa todos los días. Otros pensarán distinto. A mi me hizo bien.

Volviendo al cauce. Hay que tener unos cuantos buenos profesores. Pero eso no basta. Porque hay que conseguir que sean un equipo. Porque los que van a hablar con los padres son ellos.
Sí. Por supuesto. Hace años, Joan Ginebra, que era el director del IESE, me dijo: “No sabes lo difícil que es dirigir a 50 tíos que se creen que son especialistas en el arte de dirigir”. Dirigir un colegio con 50 profesores, también. A 50 médicos, lo mismo. Porque todos son muy listos. A veces, el director tendrá que dar una bronca a un profesor, o animarle… El director tiene que hacer la “tutoría” con cada profesor.

Ha comparado el profesor al médico. ¿Se parecen?
El profesorado tiene que entender que si conviene, no hay horas. Comprendo que ahora se lleva otra cosa, pero, si se sale del colegio a las cinco y a unos padres les viene bien ir a las siete y media, habrá que estar a las siete y media. Y un chaval tiene un problema a las ocho y cuarto, pues hay que estar a las ocho y cuarto. Ahora esto no se lleva, se mira mucho el reloj. Pero los grandes maestros no miran el reloj. Las cosas han cambiado, pero hay que darse cuenta de la enseñanza que es una vocación que exige sacrificios. También al médico le exige cosas la suya.

Hay que ver que está haciendo el profesorado a favor o en contra de formar al alumnado como personas íntegras. El profesor debería exigir que se le hable de usted, por supuesto. Un chico que empezaba a trabajar me dijo que no se imaginaba hablándole de usted a su jefe. Este va a recibir de bofetadas una detrás de otra. Yo me acuerdo de los viejos profesores que tuvieron mis hijos, pero seguro que ahora hay algunos tan buenos como esos. El colegio de Blanca tiene una directora increíble. Es fundamental para mi que los profesores sean amigos entre sí. Aunque no salgan de copas, que haya un clima agradable. Que no haya nunca una crítica. Si un profesor hace mal las cosa, se habla. En los colegios hay un problema generacional, en el paso de los primeros profesores –reputados– a los siguientes, los jóvenes. Esa transición es muy importante. 

¿Los padres ahora son menos hábiles educando y más exigentes? ¿Las dos cosas a la vez?
Una vez mi hija se había citado con unos padres. Aparecieron vestidos como si fueran a la ópera, elegantísimos. “Hemos llegado tarde a la educación de nuestro hijo. Lo hemos hecho mal hasta ahora. Tú nos dirás qué tenemos que hacer.” Mi hija se emocionó. Se dieron cuenta, porque tenían la categoría que hace falta. Hay que explicar a los padres que el colegio, la dirección, está para atender problemas serios, no para tonterías. Un colegio compró un camión de berenjenas y los alumnos estuvieron comiendo berenjenas semanas. Pues no pasa nada. Llamar a la directora para quejarse de las berenjenas es una estupidez. Y si hay seis o siete personas que llaman por las berenjenas, no le dejan dirigir. Hay que explicar bien el colegio a los padres y conseguir que lo entiendan. A veces les cuesta. Lo ven anticuado

¿Se confunde pasarlo bien en el colegio con ser feliz?
Hay que ser feliz en el colegio, en la calle, en la empresa, en el fúbol… Hay que ser feliz, pero eso va por otro lado. ¿La felicidad en el colegio? Se entra a las nueve y a las nueve se cierra la puerta.   Después lo agradecen. ¿Que el niño sea feliz? Sí. Y un día llegará llorando a casa; y eso formará parte de la felicidad. Es que la vida es así: un día te pega una bofetada por un lado y otro día te felicitan por otro y ya está. Ayer metimos un gol y hoy nos lo meten.  Ahora se pueden estudiar muchas cosas. Antes los listos estudiaban ingeniería, los tontos derecho. Cuando uno no podía con ingeniería, se pasaba a derecho. Ahora hay trescientas cosas. No hace falta estudiar derecho por fuerza. Ahora hay otras carreras. Protésico dentista…

¿Cómo tiene que ser un directivo escolar?
Cuando se mete el hombre de empresa en el mundo escolar lo puede estropear todo. Cada colegio tiene su cuenta de resultados. Se exige que tenga beneficios. Eso es normal, pero hay que cuidar que llevado al extremo no signifique profesores baratitos y métodos baratitos. Si entiende que puede ser que pierda dinero durante diez años y que luego un día gane, me parece muy bien. Si no, estará mirando el modo de ahorrar en la ratio, en las instalaciones… y todo llevará a ganar dinero, con un marketing falso.