Paulina Bánfalvi Kam es miembro del panel de expertos Delphi “Educación personalizada” de Impuls Educació y autora del libro La Rebelión del Talento, publicado por la editorial Aljibe en 2020. Ha traducido el libro Desarrollo emocional y social de los alumnos con alta capacidad, Ed. Unir. Podéis encontrarla en su blog: aacclarebeliondeltalento.com
Es formadora de docentes y profesora de secundaria con el programa IGCSE Cambridge. Profesora  curso experto altas capacidades UIB. Empresaria servicios de marketing. Licenciada en Marketing y Dirección de empresas. Esic 1993. Curso de intercambio en el London Barbicam Center. 1990. Master en Personalización y Fidelización. Esic 2000. Posgrado en Marketing Digital. OBS. Universidad Barcelona. 2015 Experta en Altas Capacidades. UNIR. 2018.

Hace 10 años que empecé con esta ardua tarea que para algunas familias supone elegir un centro educativo y llevo 5. Muchos centros recorridos de distintos perfiles incluso sistemas educativos. Elegir un centro es una tarea compleja y lo es porque todos son iguales. Basta con recorrer sus páginas web. Todos ofrecen los mismos mensajes. Dirán que para ellos lo importante es el alumno, pero ninguno se ocupará de evaluar su perfil. Nos hablan de “desarrollar su potencial”, pero sus docentes no están formados para orientar su tarea hacia esta labor. Dicen que personalizan, pero su personal rota buscando siempre al más barato. Lucirán una lista de valores que todos sus alumnos deben desarrollar, pero nunca sabrás qué trabajo específico se hace en esta dirección. Todos presumirán de los programas a los que pertenecen, por supuesto idiomas, tecnologías e instalaciones, pocos de cómo sus alumnos se han transformado gracias a su intervención. Los hay que además te ofrecen un listado de sus normas, con el claro mensaje de “abstenerse rebeldes” y por supuesto de las extraescolares y actividades deportivas. Estas páginas web se asemejan mucho al contenido que se puede encontrar en esos clubs sociales privados. En efecto eso es lo que hacemos, elegir un club social del que formar parte.

El mensaje funciona, los colegios están llenos y cada vez hay más y más. Llevar un uniforme, lucir un escudo, los festivales, excursiones y programas de intercambio cultural o la oportunidad de estudiar inglés en Inglaterra o Estados Unidos organizado por el colegio se han convertido en el valor añadido por excelencia en educación.

 

¿En serio?

Vivimos una época preludio de una nueva sociedad, y la escuela parece ajena, aferrada a los viejos conceptos, huyendo hacia adelante, dando más, pero pocas veces diferente. Responden a la demanda actual de las familias, sin duda, pero no están viendo venir el cambio de paradigma que como a IBM y Kodak, les va a pillar desprevenidos. Invierten cada vez más en estructuras, publicidad y servicios adicionales para atraer a más clientes, lo que los lleva a ahorrar costes en lo que más valor aporta a su producto: el profesorado y su formación.

Hace casi 80 años Theodore Levitt, economista de la Universidad de Harvard, ya nos advirtió del peligro de gestionar nuestras empresas presos de lo que él llamo la “miopía del marketing”. Es decir, concentrarse en competir en el mercado queriendo ser el mejor en nuestro producto (producir al menor coste, vender al mayor precio, lucir como el más brillante), pero olvidando ser el que mejor cubre las necesidades de sus clientes.

Este planteamiento supone un cambio de estrategia Y enfoque para los centros educativos que dejarían de esforzarse e invertir por competir con otros centros, razón por la cuál todos se esfuerzan tanto en hablar de ellos mismos, sus instalaciones y programas, para escuchar más al alumno y la familia, más aún para organizarse alrededor de sus necesidades, las de hoy, sí, pero también las de su futuro.

Cuando encuentren un centro que no les cuenta lo que van a hacer con su hijo, en quién o en qué le van a convertir, o cuál va a ser el recorrido que va a realizar, sino que les pregunta quién es su hijo, qué expectativas tiene, cuál es su perfil y cómo pueden ayudarle a desarrollar su potencial. Cuando encuentren un centro que en lugar de presumir de instalaciones y programas lo hace de su cada uno de sus profesores. Cuando en lugar de mostrarles las medallas que han obtenido sus deportistas les exponga cómo los docentes y la dirección se coordinan para establecer objetivos personalizados para su hijo y un plan de desarrollo individual. Cuando hable de tutorías en las que se evalúa junto a las familias en qué modo las medidas adoptadas están respondiendo a ese plan y cubriendo las necesidades de sus hijos, entonces estarán ante un centro innovador.

Los colegios hoy no compiten con otros centros, compiten contra plataformas on line de aprendizaje, contra canales youtube altamente didácticos y retadores, contra la falta de credibilidad y la masificación de las titulaciones, contra una generación que sabe que su futuro depende de su creatividad, de su imaginación, de su intuición, de su atrevimiento y emprendimiento. Que estará menos sujeto a las titulaciones oficiales y más atento a las habilidades reales. Contra centros innovadores en cualquier lugar del mundo capaces de ofrecer una educación personalizada on line a precios muy razonables, en los que el alumno avanza a su ritmo y guiado por sus intereses.

En ese modelo la relación del alumno con el docente, su mentorazgo, su capacidad para estimular y despertar intereses y pasiones, para identificar el potencial de sus alumnos y desarrollarlo, para retar el pensamiento crítico y creativo, las capacidades ejecutivas y el valor para afrontar retos, son claves para una educación que aporte valor.

Invirtamos en docentes. Ellos marcan la diferencia.

Fotografía de la web del King’s School.