–Nos ha tocado Carmen de tutora de Pablo. Estamos de pega. Dicen que no consigue hacerlos trabajar y termina siempre histérica…

-¡Calla, calla! Que mucho peor sería Andrés. Tiene muy mala leche.

No es un fenómeno que haya nacido con los grupos de WhatsApp. Toda la vida se han generado, a la salida de la escuela, aquellos grupitos que repasan las noticias de todo tipo que suceden en ella. Nadie presta atención hasta que de repente se convierte en el foco –quizás viciado– de comentarios negativos. Llegamos demasiado tarde.

–¡Eh! ¿Lo sabéis? Dicen que la nueva profesora de inglés tiene un nivel bajísimo. De hecho, la echaron del colegio Los Gorriones.

-¡Qué me dices! ¡Caray! Y yo que pensaba que la habían ido a buscar…

Los rumores son parte de la limitación humana. Nunca podremos evitarlos completamente. Tengo, sin embargo, una buena noticia: la aparición y la extensión de los rumores entre padres y madres depende sobre todo de la actitud directiva y de la reputación de la escuela entre las familias. Así pues, la pelota está en nuestro tejado: tenemos mucho que hacer para evitar los rumores, cuando la dirección comunica mal y ante una pérdida de prestigio. He aquí algunas sugerencias para tener en cuenta, especialmente para la dirección del centro:

  1. Partimos de presuponer que es normal que los padres y las madres hablen de la escuela. Lógicamente, todo lo que afecta a sus hijos les preocupa. Cualquier noticia de la escuela, pues, les interesa, realmente les debe importar. ¿Preferiríamos lo contrario? Aceptémoslo no solo como inevitable, sino como bueno. Lo que falta es facilitarles que puedan canalizar bien esta preocupación.
  2. A menudo en lo que se dice hay una parte de verdad; corrijámoslo. No lo hacemos todo bien y, aunque la crítica sea injusta en la forma, algo de razón puede tener. Cuando nos llega una queja, debemos pensar que es un regalo, una oportunidad de rectificar, aunque no lo hayan hecho como se debe ni donde corresponde. Por lo tanto, si nos llega de rebote un comentario negativo, no desaprovechemos la ocasión de revisar qué podemos mejorar.
  3. La causa del rumor puede ser una mala comunicación nuestra, que hay que solucionar. Cuando la comunicación ordinaria se planifica, cuando se ofrece a través de canales accesibles, cuando las noticias complejas se dan por los canales idóneos, cuando se evitan respuestas diferentes ad personam, cuando se deciden las acciones de gobierno conjuntamente con la manera de comunicarlas… entonces no se extiende ni la rumorología ni el chismorreo.
  4. Facilitemos la queja a los más críticos y lo serán menos. El carácter nervioso de algunas personas las empuja a menudo a preocuparse más que el resto, a charlar demasiado, a despertar la curiosidad de manera indecible. Sin embargo, cuando encuentran internamente canales amables que les permitan consultar sus preocupaciones, no las sueltan fuera.
  5. No abordemos los rumores solo racionalmente. Los rumores escolares, especialmente si se refieren al profesorado o hacen referencia a los hijos, poseen habitualmente una carga emocional grande y normalmente son difundidos por gente con menos inteligencia emocional. Por tanto, no se pueden abordar solo racionalmente. Más que pensar qué les diremos, debemos prever cómo se lo diremos: con seguridad y confianza, escuchándoles, desvaneciendo sus temores, con una sonrisa…
  6. Siempre hay una oportunidad, aprovéchala. Estamos todavía a tiempo de ganarnos a las personas que han hablado mal de alguien del centro. No son nuestros enemigos, son los padres y madres de los alumnos a quienes queremos educar, el sentido de la existencia de nuestro centro. Demostremos que les apreciamos, que les escuchamos. Tal vez solo han sido poco reflexivos. Nos agradecerán mucho que les hagamos ver nuestra buena disposición hacia ellos, y su error, si se ha producido. Y pueden pasar de golpe al grupo de los más fidelizados. Incluso, si deciden marcharse, procuraremos que lo hagan sin resentimiento.
  7. Ya que circulan rumores negativos, difunde también noticias buenass. Seguro que hay otras noticias sobre el colegio, que los pdres y madres valoren. No podemos hacer las cosas bien esperando que la gente se enterará. Hagamos que se enteren.
  8. Fomentemos prescriptores voluntarios. Tenéis en la escuela una inmensa mayoría de padres y madres alineados con el centro. Algunos, con una absoluta devoción a su profesorado. ¿Por qué no dejamos que sean estas madres y estos padres quienes la defiendan? Mostrémosles confianza y responderán mucho mejor de lo que esperamos. Porque si os encontráis solos, no dudéis de que ha sido culpa vuestra.
  9. Aprovechemos los canales sociales. Son un recurso muy potente. O conseguimos entre todos que los usemos bien y en beneficio colectivo o, desgraciadamente, se utilizarán de forma inadecuada. Lo que no podremos es forzar que no existan. En lugar de añorar otras épocas, aprovechemos todo el bien que aportan.

Conviene recordar, finalmente, que sería insuficiente limitarse a luchar contra los rumores. El trato con los padres y las madres tiene un papel extraordinario para nuestra marca. Hay que ir mucho más allá y crear un clima donde les resulte muy fácil aprecien a la escuela. Si la estiman, solo dirán cosas buenas de ella.