Quizás dentro de la escuela eres la persona responsable de algún ámbito vinculado con la identidad visual, las publicaciones, etc. O tienes con la escuela una relación profesional. Estás a punto de presentar un diseño. En el último post hemos abordado esta situación desde el punto de vista del directivo, ahora lo haremos desde el tuyo, del creativo. Te aconsejo que tengas en cuenta estos consejos:

1. No te precipites 
Has encontrado la solución al problema que te carcomía la mente cada noche las últimas semanas. ¡Eureka! Y la euforia se convierte en precipitación; lo entregas enseguida. La prisa te ha escondido errores importantes o pequeños detalles que bajan la calidad del diseño: una parte no resuelta, faltas de ortografía, una selección equivocada de la tipografía o del color corporativo. ¿Realmente había que entregarlo tan deprisa? Si puedes esperar, espera. Repasa todo punto por punto. Asegúrate de que ya se puede presentar en público.

2. Vístelo bien
Intenta hacer una buena presentación, crea espectativa, sorprende, como hacía Steve Jobs. Inserta el diseño dentro de su contexto: no olvides que una persona no habituada al mundo gráfico tiene dificultades para imaginarse ese logo, aquella ilustración, aquella maqueta dentro de una hoja, un rótulo o una revista. Necesita ver muestras. Y preséntate bien también tú. La ropa que te pongas, el comportamiento, la mirada, el tono de voz, las posturas corporales, todo influirá en el resultado de la reunión! No pierdas de vista tu rol y el de la persona a quien lo presentas, su carácter, si lo conoces lo suficiente. La formalidad con que hablaremos o cómo nos vestiremos dependerá de ello. Prepara antes qué dirás y cómo lo dirás. Saldrá mejor, fijo.

3. Distánciate de tu proyecto 
Quizás ahora te parece extraordinario, pero convéncete de que pasado un cierto tiempo verás defectos y quién sabe si en el futuro no reconocerás tu paternidad. Quita pues gravedad a los comentarios que puedas oír. ¡Después de todo, no te critican a ti, critican el diseño! Reírse un poco de uno mismo es muy saludable y nos evita muchas tensiones. Ante nuestros proyectos tenemos una visión parcial y, por eso, cometemos a menudo errores de perspectiva.

4. No te predispongas a pensar la respuesta que tendrás
Si estamos nerviosos o trabajando bajo presión, corremos el peligro de sentir sólo lo que esperamos oír. Hay una historia previa de muestras de desconfianza o de reproches despiadados, de frialdad, y estamos convencido de que nos lloverán los ataques: “Es interesante pero …”. Una parte importante de esto, sin embargo, sucede sólo en la propia imaginación. Con una actitud más positiva, conseguimos mejores resultados.

5. Esfuérzate en escuchar claramente 
Apunta las observaciones que se te hagan. Quien escribe todo, después podrá releerlo con calma. Si hay algo que no entiendes con precisión, pregunta y pide que te lo aclaren. Elimina toda ambigüedad. Escribir, además, te liberará de presión y facilitará que intervengas sólo cuando conviene.

6. No repliques ni te justifiques
Es inútil, a menos que sea necesario de verdad aclarar un malentendido. No es necesario justificar todas las decisiones que se te cuestionen. Ni intentes explicar lo que “realmente” querías expresar; no podrías hacerlo ante cualquier observador. Por tanto, si la elección de un color, el tamaño de una letra se ve inadecuada o la forma del icono no se entiende, posiblemente es que habrá que cambiarlas.

7. Agradece siempre las críticas
Mientras sean objetivas y honestas, no tienes otra elección posible que aceptarlas. Una crítica constructiva no es ninguna declaración de guerra, al contrario, es un beneficio. Si aún no lo ves claro, piensa que quizás alguna vez un comentario que te costará aceptar te salvará de cometer un error grave y caro. Que rídicula sería la presunción soberbia de pensar que no hay nada que se tenga que corregir en nuestro proyecto.

8. Deja pasar un tiempo para analizar las críticas
¡Cuántas veces una observación nos irrita precisamente porque da de lleno en el blanco! Espera un día, repasa las anotaciones, más tranquilo, sin el apasionamiento del momento y reflexiona sobre las sugerencias. Verás con claridad entonces qué críticas convendrá seguir y cuáles, en cambio, no. Pero lo harás para motivos técnicos y no empujado por la susceptibilidad.

9. Cede sólo en lo que tienes que ceder
La honestidad y el respeto deben estar presentes en toda relación profesional. Ciertamente, un ignorante en materia de diseño no debería hacer correcciones de estilo gráfico a un diseñador profesional. Pero sucede, porque esto es como el fútbol: todo el mundo cree que sabe. La jerarquía en sí no confiere conocimiento y buen gusto. Aunque yo prefiero tener trabajo que tener razón, todo tiene un límite. Si piensas honestamente que cediendo el diseño perderá gravemente coherencia, eficacia, sentido estético, dilo delicadamente, pero dilo.

10. Márcate la corrección como un reto
Una característica común de las personas creativas es la automotivación: la capacidad de sobreponerse a las dificultades. No abandones ante el primer obstáculo. Considera esta corrección una regla más del juego: si eres capaz de hacer un gran diseño a pesar de aquella modificación que no compartes, no sólo estarás haciendo un gran proyecto, sino que estarás marcando hitos en tu crecimiento como diseñador.

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