Tal vez como directivo o directiva de la escuela te toca aprobar o hacer rectificar trabajos creativos. Criticar, en este caso, es indispensable. Ten en cuenta que la crítica normalmente molesta a quien ha hecho un trabajo, sobre todo cuando es creativo y conlleva mucha entrega. Ningún padre se queda indiferente cuando le dicen que su hijo es corto de entendederas; el afecto que tiene quien se siente tocado del don de crear hacia su obra no es muy diferente. Cualquier mirada o comentario le afectará de una manera que los otros no percibirán fácilmente.

1. Prepara la expresión de tu rostro.
La persona que te presenta el diseño quizás lo hace con ilusión, o quizás con desazón: “¿Le gustará?” Lo primero que hará, entonces, es escanear tu rostro. Te observará cada movimiento de las cejas, los labios. Y tú harás una mueca y no te darás cuenta. Presta, pues, atención al lenguaje no verbal: mirada, boca, gestos… Tanto si lo que ves te gusta como si no, se merece una sonrisa no forzada. Tienes la posibilidad de demostrar confianza y conseguir que el autor se supere, o bien, de generar frustración. Elige.

2. Agradece el trabajo.
Siempre. Y cuando haya horas de dedicación y mucho interés, sería imperdonable no agradecerlo. Además se convertiría en un perjuicio para la escuela: nuestra reacción entusiasta hará que una persona esté dispuesta a entregar más tiempo, interés y esfuerzo, muy por encima de lo que es laboralmente o contractualmente exigible. Si puedes felicitar, ¡hazlo! No hay nada que motive tanto como el reconocimiento sincero.

3. Tómate tiempo. No te precipites.
No hay necesidad de responder inmediatamente. A veces es mejor no hacerlo. Quizás ya tengamos una idea exacta de qué nos gusta y qué no, pero nos faltan todavía las palabras justas para expresarlo sin herir. O quizás tenemos solo una intuición y necesitamos meditarlo. Dejémoslo reposar un poco. “No tengo todavía una opinión formada. ¿Te importa que me lo mire con más calma y lo comente con el equipo directivo? Hablamos mañana.” Luego, no olvides hablar en el momento convenido. No hacerlo parecería desinterés.

4. Muéstrate próximo: empieza siempre por los aspectos positivos.
Si valoras el trabajo de un subordinado, no olvides que la misma jerarquía ya confiere mayor contundencia a tus palabras. Incluso los comentarios más inofensivos pueden formularse de modo que hieran al autor del diseño. Y si ya se ha atrincherado emocionalmente para defenderse de los ataques, no pidas que sea receptivos a ninguna sugerencia. Abre antes las barreras, crea un clima cordial, muestra confianza, felicita lo que está bien y, después, será más fructífera la corrección.

5. Separa los juicios del gusto personal.
Quizás te gusta mucho el color naranja, porque la segunda equipación de tu equipo de fútbol este año es así y –tal vez no te has dado cuenta– cuando ves algo de color naranja entras en trepidación. La otra es muy tradicionalista, clásica y le cuesta el cambio. Siempre viste de gris, granate y azul marino. Son los colores que pondría por todas partes. Esto no tiene nada que ver con la calidad de un diseño, ni su adecuación. Si no aprendemos a distinguir el gusto de la conveniencia, nos convertimos en un estorbo para un buen diseño.

6. No fundamentes la crítica en la jerarquía.
Seguramente, si has delegado ese trabajo a determinada persona, es porque tiene suficientes destrezas para hacerla, puede que incluso sepa mucho porque es su especialidad. Será, pues, bueno que no haya mucho que corregir. Confía en la gente. No es necesario que te sientas en la obligación de corregir siempre algún detalle. No te confiere más autoridad. Hazlo solo cuando realmente sea necesario. Esto no impide que, si un diseño objetivamente no debes aprobarlo, tengas la valentía de hablar claro, aunque comporte un disgusto.

7. No hagas juicios generales, que no permitan orientar la mejora.
Las generalizaciones son siempre contraproducentes. Esto lo debemos aplicar también a la crítica positiva. Recibir una admiración ciega puede llenar de satisfacción, pero tampoco ayuda a mejorar. Más aún con la crítica negativa: “¡Uf! Lo encuentro pobre”. Pon un poco más de esfuerzo para concretar qué es lo que hace pobre ese diseño.

8. Utiliza la primera persona. No pontifiques.
“Sin duda le falta fuerza”, “es un diseño confuso”, “no pega con el estilo general”. Aunque hemos dicho que hay que evitar el subjetivismo y debemos basar la crítica en datos objetivos, no deja de ser cierto que muchas cosas en este campo son opinables, cambiables y sujetas a las modas o a variaciones generacionales. Emplea expresiones como “en mi opinión, le falta fuerza”, “me cuesta fijar la vista en algún punto, me confunde”, “no sé encontrar la conexión con el estilo gráfico del resto de elementos”.

9. Evita etiquetar a las personas.
“Combinando colores eres bastante malo. ¿No ves que no casan?” “Maquetar no es lo tuyo. Te salen mal siempre”. Ahora te toca juzgar solo el trabajo hecho. Deja las valoraciones generales para otro momento. Tampoco es ahora el momento de sacar a colación los errores de la revista del año pasado. Es agua pasada y recordarlos solo contribuye a crear un mal ambiente innecesario.

10. Sé práctico. Si es mejor que el anterior, ya es suficiente.
Todo es siempre mejorable. Lo que tenemos que decidir es si vale la pena insistir. Una hoja impresa con fotocopiadora y repartido a las familias de un solo curso no precisa muchas horas de diseño. Una plantilla para todos los documentos de la escuela, en cambio, sí. Necesitamos aplicar la eficiencia (el mínimo esfuerzo para el máximo resultado). Como no hay nada que no se pueda hacer mejor, habrá que parar en algún momento. Un criterio práctico es conformarse con que sea mejor que la versión anterior y no tolerar, en cambio, que sea peor.

Este decálogo tiene el origen en la lectura de Psicología para creativos, de Franz Berzbach.