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Tras el post de la semana pasada, un amigo me inquirió: “Tu també has Caído en este lenguaje! No lo soporto … Eso de hablar de marca personal del Profesorado. El trabajo de docente es vocacional!”

Me parece que logró sintetizar un punto de vista muy común y no hace falta que abunde más para que entendamos este planteamiento. Es posible que vosotros también lo tengáis o que la hayáis oído a otros: el profesor se tiene que preocuparse de educar a sus alumnos, por una parte, transmitirles los conocimiento que se les han encomendado y, por otra, orientarles para que maduren y sean autónomos, libres, adaptándose a un mundo global bla bla bla …

Si, en cambio, es la primera vez que oís esto de aplicar el término marca a los maestros, comprendo que todo lo nuevo, de entrada, pueda causar extrañeza. “¿Marca personal? ¿Pero esto no es algo para futbolistas vanidosos, como Cristiano Ronaldo? “Ahora que ya no está en el Madrid puedo poner este ejemplo sin ofender a nadie (Scusatemi pure cari amici torinesi).

¿No os gusta hablar de ‘marca personal’? Las palabras no son lo importante. Pues cambiadlas por ‘reputación’. No es exactamente lo mismo, pero se entiende muy bien. ¿Defenderíais que un profesor o una profesora no tenga que preocuparse de tener una buena reputación?

Yo me he encontrado más de una vez con algún profesor que me ha dicho: “Lo que piensen de mí mis alumnos, me importa un rábano”. Esta actitud no es muy inteligente. En realidad sí le importa más de lo que manifiesta. Todos somos conscientes de que cuando una maestra o un maestro no tiene autoridad, le cuesta mucho más mantener el orden en el aula. Y sus decisiones son fácilmente cuestionadas por el alumnado o por las familias. Si pone deberes, pone demasiado. Si no pone, es que no sabe hacer trabajar… En cambio, he visto a una profesora veterana llenar de trabajo el fin de semana de los niños y los padres, felices.

Una amiga llevaba nueve años de profesora de Secundaria en un centro. Los alumnos ya la conocían. No tenía que levantar nunca la voz. Le bastaba con un gesto para que aquel que estaba charlando callara. Pero tuvo que cambiar de ciudad y, por tanto, también de centro. Cuando llegó al nuevo instituto, no le extrañó al empezar el curso que los estudiantes trataran de probarla para ver hasta dónde podían llegar. Lo que le extrañó es que, partiendo de cero, le era mucho más difícil conseguir que hubiera silencio y estuvieran atentos. No le valían los recursos de antes. Incluso en las conversaciones de orientación notaba que los chicos y las chicas no confiaban en ella como en el otro centro. Tenía que volver a empezar a proyectar su marca personal.

Por tanto, está claro que nos conviene preocuparnos por tener una buena marca personal, si queremos hacer eficaz nuestra actividad docente. Ya sé que el inconveniente principal es que se tiende a entender esta preocupación como un egoísmo: estás diciendo que hay que preocuparse por quedar bien, figurar, por ser apreciados por el alumnado, que nos valoren, que nos quieran… Aunque que pueden ser muy bien preocupaciones legítimas, no es este el objetivo en absoluto.

Si os fijáis en la definición que di de marca personal, “el reflejo en tu alumnado de tu identidad a través de tu conducta coherente con esta”, lo que en último término importa es el bien que podemos hacer.

Es inevitable que nos juzguen los demás. Todos lo hacemos, por pura necesidad. Nos conviene saber si podemos confiar en ellos. ¡Imaginad si nos juzgan los alumnos y sus familias! Los profesores y las profesoras somos públicos –con un público pequeño, pero intensísim0- y nos observan en todo momento. ¡Cuando generamos confianza, lo que decimos y sobre todo lo que hacemos les influye tanto! Por eso me gusta decir que somos influencers. ¿Hay alguien que pueda decir que tiene más influencia que nosotros?

Si te conviertes en una persona agradable, cercana, respetada en la escuela, obtiendràs tres ventajas:

  • Por un lado, tu labor educativa estará más reputada y por tanto tendrá más reconocimiento y autoridad.
  • Eso no te benificarà sólo a ti, sino al profesorado como colectivo, porque el prestigio de la escuela es la suma de las reputaciones personales.
  • Y sobre todo harás una labor educativa más eficaz.

Sólo por este último motivo, ya vale la pena, ¿verdad? Como expresa bien Jordi Collell, “tenemos marca porque existen los demás”.