La forma en que nos comunicamos en la escuela –sobre todo la forma en que se comunica la dirección con el profesorado– es clave para la construcción de una cultura corporativa positiva. No es nada nuevo: ya en 1987 Thomas F. Gilbert afirmaba (Human Competence) que bastaba que se mejorase la comunicación con los trabajadores, para que una empresa obtuviera unos resultados entre un 20% y un 50% mejores.

Pero el hecho de que en la actualidad contemos con muchos más canales de comunicación interna y más eficaces no ha repercutido necesariamente en una comunicación mejor. Al fin y al cabo, cuanto más fácil sea comunicarse, más patentes quedan las carencias de la comunicación. No es una cuestión de herramientas: hay que cambiar la actitud y mejorar las pautas de conducta. El especialista en marketing Kevin Thomson aconseja “tratar a los trabajadores como clientes internos”. Cuando se crea una relación bidireccional con el profesorado y el personal de administración y servicios, cuando se busca satisfacer sus necesidades, se obtienen unos niveles de implicación más altos con la misión de la escuela y con sus promesas. Esta es la única manera de conseguir alineación interna y entusiasmo en el servicio.

A través del branding interno se puede lograr este cambio cultural. El profesorado no es diferentes de alumnos y familias: sus necesidades son tanto lógicas como emocionales. ¡Qué fácil es olvidar que la comunicación no es solo transmitir información! Se ven muy a menudo proyectos interesantísimos que buscan dar un paso adelante en la calidad de una escuela, pero que no priorizan las necesidades del profesorado y acaban fracasando. Para ganarse al profesorado, un directivo debe llegar a captar su entusiasmo y su compromiso con la escuela.

Por lo tanto, hemos de ser excelentes en nuestra comunicación con el profesorado y el personal no docente, mucho antes que con las familias y el alumnado. Estos son los 10 mandamientos de la comunicación interna:

  1. Comunica desde el punto de vista del profesorado.
    Debes tener presentes sus preocupaciones y sus aspiraciones respecto a la escuela. Necesitan entender qué se espera de ellos y sentirse escuchados y comprendidos. Antes de hablar, conecta.
  2. No hables solo a la cabeza, habla también al corazón.
    No te centres solo en la información. La comunicación es mucho más rica. Los datos son importantes, pero su interpretación depende de la forma como se reciban. Si no se comprenden los sentimientos, no entenderán nunca los argumentos.
  3. No des por supuesto que harán suyo todo lo que les digas.
    Esta actitud pertenece a una cultura empresarial anticuada. Si queremos trabajadores inteligentes y con iniciativa, hay que invertir en hacerles más explícitos nuestros puntos de vista. Simplificar de esta manera nuestra argumentación nos obliga a hacerla más firme.
  4. No uses nunca el e-mail para ahorrar una conversación.
    Las intranets y los correos pueden ser un medio excelente para dar informaciones detalladas, de manera rápida y eficaz, pero les falta la parte no verbal de la comunicación. Nunca conseguirán lo que sí puede ofrecer una conversación cara a cara.
  5. Evita las reuniones multitudinarias habituales.
    Las reuniones de pequeños grupos permiten el feedback, la aclaración de dudas, la participación y la implicación del profesorado. Las reuniones multitudinarias necesariamente se convierten en verticales y, por parte de la audiencia, pasivas. Generan a la larga una cultura corporativa de cumplimiento, emocionalmente poco comprometida.
  6. No te calles nada de lo que debes comunicar.
    Cuando no se cuenta todo lo que hay que explicar, se generan presuposiciones, se cuentan verdades a medias y se provoca la rumorología. Ten en cuenta que no bastará una sola vez. Especialmente, en momentos de crisis, de cambio, de nuevos proyectos, hay que pensar la manera de repetir sin cansarse, para que la información pueda llegar eficazmente a todos.
  7. Jerarquiza la información por orden de importancia.
    No necesariamente diremos primero lo más importante y en último lugar lo que lo es menos, pero sí mantendremos en mente, de todo lo que estamos comunicando, qué es lo más relevante y qué es lo secundario. Hay que enfatizar lo importante, a través de la forma de transmitirlo.
  8. Gobierna los rumores.
    Un trabajador suele confiar más en un colega que en un superior. No podemos controlar completamente los rumores y, menos todavía, intentar generar rumores que nos convengan. Lo que sí podemos hacer es abordarlos de la manera adecuada (hablaremos de ello en otro post).
  9. Céntrate en el resultado de la comunicación, no en la cantidad.
    Muy a menudo, tenemos la preocupación de transmitir –por ejemplo semanalmente– las novedades y los avisos al profesorado, y si hemos dicho todo lo que teníamos que decir. Pero al mismo tiempo no damos suficiente importancia a analizar si ha sido bien comprendido y cuál ha sido la repercusión. Se puede llegar a la paradoja de que, cuanta más información, menos comunicación. Ordinariamente, cuando no conocemos el impacto de nuestra comunicación es porque no fomentamos suficientemente la participación.
  10. Déjales participar del sueño.
    La comunicación interna en una escuela no consiste en exponer al profesorado las grandes ideas que ha tenido la dirección. Hay que permitir que contribuyan personalmente. Es necesario, por tanto, que haya intercambio. Cuando se brindan oportunidades de expresar la opinión, se crea un medio para comprobar la comprensión de los objetivos transmitidos y también mejorarán mucho los propios objetivos.