«La tutora de una niña de P3 se había reunido con sus padres. Cuando apenas llevaba un rato charlando de las necesidades educativas de la niña, el padre la interrumpió y comentó las lecturas de psicopedagogos que había hecho en verano. Y luego continuó: «Lo siento mucho, pero os estáis equivocando. Tenéis una metodología pedagógica que ya no funciona. Todo esto que me estás contando está muy equivocado…». Se produjo un momento de silencio. Luego la maestra le dio una respuesta.

Así terminamos el post anterior, sobre la asertividad y os pregunté: «¿Cuál habría sido la respuesta, si os hubiera pasado a vosotros?»

Una cosa es que tengamos que tener las familias de la escuela contentas, entre otras cosas porque eso nos asegura que hablen bien del centro, y otra es que ellas lo decidan todo, y lleguen a cuestionar nuestra profesionalidad. Habrá que responder de una manera ponderada, sin reacciones insensatas y sin sentirse heridos por el comentario. No nos lo tenemos que tomar a la tremenda, como algo personal… pero hay que responder. Está claro que no se puede dejar pasar un comentario que nos quita tanta autoridad como educadores. Ahora bien, también sería una mala cosa caer en la trampa de tener que justificarse y empezar a discutir aspectos pedagógicos y organizativos que se salen de lo que corresponde a una tutoría.

Podríamos decir a este padre algo como: «Juan (si el padre se llama Juan), si ahora nos pusiéramos a dialogar (nada de discutir, ni lo menciones), si nos pusiéramos a dialogar sobre didáctica, seguramente encontraríamos muchas cosas en que estaríamos de acuerdo y otras en que no lo estaríamos nada. Me gusta mucho que te intereses por la pedagogía. De todos modos, hoy (y lo dices con una sonrisa) tenemos que hablar de vuestra hija, que seguro que nos importa más.»

En el post anterior os sugerí una serie de recursos que los expertos aconsejan utilizar cuando nos encontramos ante personas violentas o excesivamente dominantes. En esta frase, he usado algunos. ¿Verdad que la frase sola tampoco nos asegura que nos salga bien? Ni siquiera está claro que esto es lo que haya que decir. Dependerá de cada contexto. Por ejemplo, podría haber sido una buena solución, cuando la profesora es muy experta, que provocara que el padre expusiera su argumentación para mostrarle sus incoherencias. O quizás esto sería una mala solución…

No es tanto una cuestión de qué decimos o dejamos de decir. La verdadera asertividad no se encuentra tanto en las palabras como en los gestos que las acompañan. La prueba es que el mismo silencio puede significar muchas cosas diferentes. Hay un silencio prudente, que quiere evitar aumentar el conflicto. Hay un silencio pasivo, movido por el miedo a hablar. O hay incluso un silencio agresivo, motivado por el desprecio.

Evidentemente, la realidad debe ir por delante de todo. Partamos de aquí. No nos negarán la autoridad si realmente tenemos una práctica educativa demostradamente eficaz. ¡A perro flaco, todo son pulgas! Y hay que añadir también que si estamos hablando en nombre de todo el equipo docente, exponiendo un punto de vista compartido, y no nuestro exclusivo planteamiento personal, tendremos muchos más argumentos para refutar lo que este padre haya podido decir.

 

No basta con buenas técnicas

Pero, pero, pero… con todo esto todavía estamos quedando cortos. Como dicen Anna Forés y Eva Bach en su libro La asertividad. Para gente extraordinaria: la clave no es qué hacemos sino que somos. Lo explico.

Antes de la lectura de este libro, ya tenía asumido que esto de la asertividad no era sólo cuestión de aplicar unas técnicas, que el tema adquiría una dimensión ética. Pensaba, de todas formas, que la asertividad consistía básicamente en defender nuestro punto de vista sin dejar que nos influyeran los demás, porque es justo hacerlo, y a la vez sin herirles. En realidad afirmarse uno mismo, conseguir salirse con la suya, no lleva a ninguna parte. Ni tampoco basta ser persuasivos, aportar muchos argumentos convincentes. Forés y Bach nos hacen entender que la cosa va mucho más allá.

La mayoría de personas partimos de la voluntad de entendimiento, pero a la mínima que surge un conflicto o quizás un malentendido, nos dejamos vencer por el mal genio. Dominar estas reacciones es clave.

Lo que hace la asertividad es ayudarnos a ser más honestos, más nobles de corazón y más humildes. Si aprendemos a ser asertivos, lo que estaremos haciendo es ampliar nuestras relaciones armoniosas y, en consecuencia, estaremos siendo más felices. Esto exige reconocer el interlocutor y escucharlo activamente, en definitiva, preocuparse tanto del impacto que podemos ocasionar en los sentimientos de los demás, como nos preocupamos de lo que ellos nos puedan generar. Empatía y asertividad deben ir de la mano.

Todas las habilidades de las conductas asertivas nos serán útiles: la capacidad de decir que no, la de pedir favores y hacer peticiones, la de expresar sentimientos positivos y negativos y la capacidad de iniciar, mantener y cerrar conversaciones. Pero, por supuesto, los comportamientos asertivos deben coincidir con la sinceridad de nuestros propósitos. Debemos, pues, preguntarnos con sinceridad qué estamos buscando realmente en cada comportamiento. Una persona asertiva conseguirá girar muchas situaciones que han empezado mal, sin que nadie se tenga que sentir culpable, y en muchas otras hará que directamente empiecen muy bien.

Una última consideración. Aunque os haya presentado el ejemplo de una situación aislada, de un padre que de repente deja mal al colegio, la mayoría de veces las cosas no van así: a través de nuestros hábitos y de la reputación que vamos adquiriendo, gracias a nuestro comportamiento diaro, quien tiene que tratar con nosotros se adaptará al estilo de relación que estaremos provocando. Ojalá sepamos generar a nuestro alrededor un clima de confianza y de relaciones amables. Saldremos ganando nosotros y el colegio.

Forés y Bach formulan tres deseos para el lector, que hago extensibles a todo el profesorado:

  1. Que confíes en ti.
  2. Que te comuniques sintiendo y pensando en ti y en los demás.
  3. Que te afirmes afirmando a los demás.